HISTORIA DE LA SEMANA SANTA

El Santo Padre Benedicto XVI destacó la “rica y profunda religiosidad popular, en la cual aparece el alma de los pueblos latinoamericanos”, y la presentó como “el precioso tesoro de la Iglesia católica en América Latina”. Invitó a promoverla y a protegerla. Esta manera de expresar la fe está presente de diversas formas en todos los sectores sociales, en una multitud que merece nuestro respeto y cariño, porque su piedad “refleja una sed de Dios que solamente los pobres y sencillos pueden conocer.” La “religión del pueblo latinoamericano es expresión de la fe católica. Es un catolicismo popular”, profundamente inculturado, que contiene la dimensión más valiosa de la cultura latinoamericana. (Aparecida nº 258)

Historia

En el año 325 en el Concilio I de Nicea, se llega finalmente a un acuerdo por parte de los cristianos para el asunto de la celebración de la pascua y memorial de la muerte del Señor, se estableció que la Pascua de Resurrección debía de ser celebrada cumpliendo unas determinadas normas:

  • Que la Pascua se celebrase en Domingo.
  • Que no coincidiese nunca con la Pascua judía, que es celebrada independientemente del día de la semana, para evitar paralelismos o confusiones entre ambas religiones.
  • Que  no se celebrara nunca la Pascua dos veces en el mismo año; esto tiene su explicación porque el año nuevo empezaba en el equinoccio primaveral, por lo que se prohibía la celebración de la Pascua antes del equinoccio real.

Aun así, siguió habiendo diferencias entre la Iglesia de Roma y la Iglesia de Alejandría; El Concilio de Nicea dio la razón a los alejandrinos, estableciéndose la costumbre de que la fecha de la Pascua se calculaba en Alejandría, luego se comunicaba a Roma, la cual difundía el cálculo al resto de la Iglesia. Finalmente, Dionisio el Exiguo en el año 525, desde Roma mirando las ventajas del cálculo alejandrino, unifico el  cálculo de la pascua cristiana.

Procesiones

“El caminar juntos hacia los santuarios y el participar en otras manifestaciones de la piedad popular, también llevando a los hijos o invitando a otros, es en sí mismo un gesto evangelizador por el cual el pueblo cristiano se evangeliza a sí mismo y cumple la vocación misionera de la Iglesia…” (Documento de Aparecida nº 264)

En el año 313, el emperador Constantino dio libertad a los cristianos para que pudieran practicar abiertamente su religión. Desde entonces, la Iglesia ha incluido entre sus actos de culto las “procesiones” que consisten en un recorrido con las imágenes sagradas de un lugar a otro, volviendo al lugar de donde parten. Estos ejercicios religiosos han tenido gran aceptación entre los fieles que participan, caminando ellos su recorrido cuando es posible o, viendo pasar las imágenes sagradas.

Las procesiones existen en la mayoría de religiones: hinduismo, Judaísmo, Islam y Cristianismo. El uso de las procesiones se remonta a la más lejana antigüedad y la Biblia cita frecuentes ejemplos de las mismas desde antes de Cristo, como las vueltas de Josué alrededor de las murallas de Jericó y aquella en que David danzó enfrente del Arca.:

En la Iglesia católica la procesión tiene como objeto, hacer un homenaje a Dios, a la virgen o a los santos, de los cuales en algunas ocasiones se llevaban sus reliquias, además de su imagen. Tiene, también, fines particulares de culto, como penitencia, acción de gracias, homenaje público, como el caso de la procesión del corpus con la Eucaristía, que se inició hacia el año 1300. Ésta última es la procesión más solemne y oficial de la Iglesia católica, junto con la procesión con la cual se inicia la Semana Santa: el domingo de ramos.

La tendencia actual para las procesiones es la de orar durante su recorrido, o acompañarlas en un respetuoso silencio de meditación. Las procesiones que tienen lugar entre nosotros durante la semana mayor son una costumbre traída por los conquistadores españoles. No son, ni mucho menos la razón de la semana santa. En cambio, las celebraciones en las Iglesias durante esos días si son la celebración oficial de la Iglesia católica. En otros lugares la gran procesión es la del viacrucis, por las calles y acompañada por la imagen de un crucifijo.

Las procesiones tienen su dictamen en Jerusalén en donde las instituyeron los padres franciscanos hace mucho tiempo. Las procesiones son actos externos de religiosidad popular, pero, que tienen un valor indudable de catequesis y de reflexión a través de la cual se enseña todos los años el misterio de la pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. En la era de la imagen, entra por los ojos el tesoro insondable de cómo Cristo, siendo Dios, quiso morir en la cruz para redimir al mundo.

No son tampoco un acto de idolatría católica, como afirman algunos; son un acto de penitencia y de recogimiento, en los cuales se demuestra la religiosidad y la devoción tanto de las personas que están en la procesión como de las personas que la miran en las calles.

Los judíos realizaban procesiones para la pascua, pentecostés y la fiesta de los tabernáculos. En otros escritos se condenan los ídolos, que son algo muy distinto de las imágenes del mismo Cristo y de sus santos seguidores, y no de falsos dioses paganos. Por eso ya en los cementerios de Roma, se encuentran imágenes de casi 20 siglos de antigüedad, del buen Pastor, de María y de los apóstoles.

Al Celebrar  la semana Santa en este año del Señor, recordemos entonces: lo más importante en la semana mayor son las ceremonias litúrgicas que se realizan en los templos. Por tanto, que nadie falte a tales ceremonias que son el centro de las celebraciones sagradas de estos días, ceremonias como lo son la misa de jueves santo, la celebración de la Pasión del Señor y la más importante, la Solemne Vigilia Pascual.

Como el pueblo en el antiguo testamento realizaba marchas y procesiones cantando y glorificando a Dios, así nosotros, herederos de ese pueblo, seguimos realizando estos mismos recorridos sagrados, sabiendo que es algo que agrada a Dios.

Fundación de Pamplona

Nueva Pamplona del Valle del Espíritu Santo, es el nombre con el cual Don Pedro de Ursúa y Don Ortún Velasco de Velázquez rendían homenaje a la capital de la provincia de Navarra en España, fue fundada el primero de noviembre de 1549. Desde allí partieron las expediciones que fundaron  las poblaciones de Mérida, San Cristóbal y la Grita, en la hermana república de Venezuela, y Ocaña, Salazar de las Palmas, Chinácota, San Faustino, Bucaramanga y San José de Cúcuta en nuestro país, contándose entre ellas muchas otras ciudades, y por esto, Pamplona mereció el titulo de la “fundadora de ciudades”.
Localizada en una importante ruta comercial entre el Nuevo Reino de Granada y la Capitanía de Venezuela, con tierras de maravillosa fertilidad y con yacimientos de oro en Montuosa y Vetas, se erigió en uno de los territorios más ricos de la colonia, sólo competido por la provincia del Socorro, lo que contribuyó a que fuera considerada un eje político y administrativo de la corona española desde la época de la conquista.
Mereció el apelativo de "Ciudad Patriota" como la calificara el Libertador Simón Bolívar por haber sido pionera de la revolución neogranadina al proclamar su independencia el día 4 de julio de 1.810, en cabeza de Doña Águeda Gallardo de Villamizar quien inicio la revuelta, que llevaría a que se firmara la libertad que se declaró finalmente el 31 de julio del mismo año con una Asamblea provisional, y posteriormente, entre 1819 y 1821, por haber contribuido notablemente con recursos humanos y económicos para la, sin igual, campaña libertadora de Colombia y Venezuela.
Desde su fundación en 1549, Pamplona se constituyó en el centro evangelizador del oriente colombiano y de los Andes Venezolanos, pues paralela a la acción colonizadora se desarrollaba la evangelización de los aborígenes y la organización religiosa de los españoles y de los recién llegados al bautismo.
Así por obra de los Dominicos, Franciscanos y Agustinos van surgiendo las “Doctrinas”, es decir, las poblaciones indígenas donde se evangelizaba; En estos diversos lugares de evangelización se dará más adelante, origen a muchos pueblos y parroquias. Un extenso territorio estará durante el tiempo de la Colonia bajo la guía del Vicario de Pamplona.
Fundada la Arquidiócesis de Santa Fe de Bogotá, este territorio quedó adscrito a esa jurisdicción eclesiástica y recibió la constante visita de los Arzobispos de Santa Fe. Formó luego Pamplona parte de la Diócesis de Mérida y por ello en la época de la Independencia Monseñor Lasso de la Vega frecuentó la ciudad en donde fundó el Colegio Provincial de San José y el Colegio de Ordenandos que daría origen al Seminario Conciliar y posteriormente a nuestro actual Seminario Mayor.

Ciudad Mitrada

En los primeros años de la independencia fue madurando la idea de que Pamplona fuera sede episcopal, hasta que en el año 1834 el Congreso de Colombia en ejercicio del patronato y mediante decreto solicita la erección de la diócesis de Pamplona.
Como expresión de la bondad que la Santa Sede empieza a mirar al nuevo gobierno de la Nueva Granada el Papa Gregorio XVI acoge benignamente la petición del gobierno de Colombia y erige la Diócesis de Nueva Pamplona con la Bula Coelestem Agricolam del 25 de septiembre de 1835.
El documento papal asigna para la diócesis cuarenta y cuatro poblaciones: “Pamplona, Girón, Salazar, San Faustino, San José de Cúcuta, Rosario de Cúcuta, Piedecuesta, Bucaramanga, Málaga, La Concepción, Capitanejo, San Miguel, Macaravita, Carcasa, Enciso, Tequia, Servitá, Cerrito, Molagavita, Guaca, San Andrés, Cepitá, los Santos, Floridablanca, Tona, Silos, Cácota de Velazco, Betas, Charta, Cucutilla, Cañaveral, Arboledas, Pedral, Santiago, San Cayetano, Limoncito, Cúcuta, Bochalema, Chinácota, Chopo, Toledo, Labateca y Chitagá, las ciudades y parroquias están circunscritas al norte por el río Sardinata, al occidente y sur los ríos de Sogamoso y Capitanejo y al oriente por el río Táchira y por las montañas que habitan los infieles, hacia la corriente del río Apure”.

La misma Bula nombraba como titular a San Pedro Apóstol y erigía en catedral a la Iglesia mayor de la ciudad.
De este modo, Pamplona seguía siendo el centro espiritual de esta parte de Colombia y por tal motivo siendo en un vastísimo territorio la sede episcopal recibe el nombre que hoy seria un anacronismo darle de “Ciudad Mitrada,” pero tal vez su historia y gran importancia en la evangelización nos permitan llamarle de este modo por ser madre de otras ciudades que ahora también son mitradas como Cúcuta, Bucaramanga, Ocaña, Tibú, entre otras, pero que recuerdan su origen e inicios en la historia de la Nueva Pamplona.
Virtuosos y meritorios Obispos ejercieron su ministerio episcopal en está Diócesis de Pamplona; los primeros, Jorge Torres Stans y José Luís Niño que murieron en el destierro en San Antonio del Táchira (Venezuela).

Cofradías y Hermandades:

La columna vertebral de la organización parroquial de la Colonia eran las Cofradías y Hermandades, ya que gracias a ellas participaba activamente el pueblo cristiano en la vida cultual y se financiaban los gastos de las principales fiestas religiosas. Además de esto las hermandades eran estructuras de la comunidad en las que se hermanaban las diversas clases y categorías o se estratificaban las diferencias sociales pues en algunas solo entraban españoles, en otras morenos e indios.
En toda parroquia una vez fundada era obligación erigir al menos tres cofradías: la del Santísimo Sacramento, la de las Ánimas y la de Nuestra Señora.

Hermandad de San Pedro:
Una de las más famosas e importantes cuya fundación data de los primeros años de vida cristiana de la ciudad. Fernández Piedrahita testimonia que es “la de mayores rentas que se conocen en las Indias” En ella ingresaba el clero y las personas nobles y principales de la ciudad. Cuando pedían el ingreso de algún candidato de otra provincia  debía presentar “información de calidad y nobleza” para ser recibido.
Los cofrades de San Pedro tenían  la obligación de asistir el viernes santo a la ceremonia del Santo sepulcro y el día de los difuntos a las funciones que hacían por los hermanos.

Imagen de San Pedro Patrono de la Hermandad (preside el retablo mayor de Catedral)
Fue mandada a hacer por Bartolomé de Cáceres, a nombre de los hermanos, al escultor sevillano Juan de Mesa, quien se comprometió a entregarla para el fin del mes de Enero de 1620. El precio de la obra fue 90 ducados. Es una talla en madera de cuerpo entero de dos baras de alta con su vestidura esgrafiada y policromada con dos llaves de plata en la mano derecha.
La llegada al puerto de Ocaña  se realizo en el mes de Julio de 1620, y en los primeros días de Agosto los mayordomos Clemente Tercero de Vibar y Andrés Morante, presbíteros, contrataron su traída a la ciudad.

Cofradía de la Veracruz:
Fue fundada en los primeros años de vida de la ciudad, aunque no sabemos exactamente la fecha, pero ya desde  el año 1597  se lo indicaba a Procurador Suárez de Villalobos que pidiera a Su Santidad indulgencia para los cofrades que practicaban penitencia publica el Jueves Santo, asistieran al Viernes Santo y diesen limosna para la institución.
La cofradía era dirigida por un cofrade, dos mayordomos y un escribano o secretario. Allí se hermanaban españoles y mestizos, pero los honores al Santo Cristo los hacían discriminadamente. En efecto se sabe desde 1693 los españoles celebraban la fiesta el 4 de Mayo y los mestizos el 14 de Septiembre.
Debido a sus módicos ingresos no fue una gran cofradía de influencia económica, pero pudo encargar la preciosa imagen del Señor Crucificado, conocido como el Cristo del Humilladero. De la imagen tan venerada y querida por los pamploneses y toda la provincia no se tiene un dato seguro sobre el lugar de origen ni su artista.

Señor del Humilladero: 

Enclavada en las altas montañas norte santandereanas, sumergida en la neblina y con olor a antigüedad, Pamplona, ciudad fundadora de ciudades y madre de una gran tradición religiosa, guarda en su seno la preciosa imagen del Señor del Humilladero, en el Santuario que lleva su nombre.
Misteriosamente los habitantes de Pamplona no conocen cómo llegó a su sitio el Señor del Humilladero, pero reza la tradición de los antepasados, que este Cristo fue traído a Pamplona hacia el año 1553, desconociendo su lugar de origen y el artista que lo talló. Se reconoce que es una hermosa obra renacentista de la primera mitad del siglo XVI, posiblemente hecha en España.
El desconocimiento de su verdadero origen ha hecho que en la piedad popular de las gentes sencillas y devotas se hayan generado tradiciones con elementos sobrenaturales y cautivadores. Una de esas tradiciones afirma que “dos ángeles en figura humana se presentaron a la ciudad para complacer el deseo de los pamploneses de contar con un Crucifijo y estuvieron trabajando en la Capilla durante varios días, hasta que desaparecieron sin haber probado los alimentos que se les llevaban y dejando en la Ermita tan preciosa imagen”.  Esta piadosa tradición expresa de forma legendaria el aprecio por la calidad de la obra, al presentarla como “no hecha por la mano del hombre”.
Es un Cristo clásico de cabeza inclinada, con los pies unidos al madero solo por un clavo, tallado en madera de cedro, hueca en su interior. En la espalda este Cristo tiene una amplia apertura sellada por un pergamino fuerte, permitiendo oxigenar la madera. El “encarnado”, como se denominan las partes del acabado que ocupan la piel de una imagen, está aplicado sobre una capa de cola brillante de un tono blanco amarillento.
Con trazos realistas se marcaron los hematomas y la sangre, su rostro delicado y admirablemente perfecto nos transporta al dolor sufrido por Jesús en el Calvario.  Esta imagen de Jesús crucificado tiene una altura de 1,70 metros. Se halla incrustada en un camarín de madera recubierta en tela de color púrpura de estilo colonial. Acompañan a su derecha la figura del sol y a su izquierda la luna, que en la iconografía religiosa representan los signos de la muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.
Se llama “Cristo del Humilladero” porque el sitio donde se encuentra fue escogido por los primeros misioneros después de la fundación de la ciudad de Pamplona, para que la gente que viajaba por ese lugar hacia el valle de los motilones, hoy Cúcuta y Venezuela, se encomendara y pidiera la protección de Dios. La palabra “humillarse” en la teología significa abandono, protección y confianza en Dios.
Las manifestaciones públicas de piedad como peregrinaciones, procesiones, rogativas, entre otros, se congregan alrededor de la veneración de esta imagen de Jesús, permitiendo la vivencia de una espiritualidad centrada en el misterio pascual de Cristo y que tiene su especial realce durante la Semana Santa y en la fiesta patronal del 14 de septiembre de cada año. Su reconocimiento, no sólo desde el punto de vista de arte religioso, sino desde su popularidad entre la devoción de los fieles hacen de esta imagen un baluarte espiritual, afectivo y artístico invaluable para nuestra Arquidiócesis de Nueva Pamplona.

DIMAS Y GESTAS: 
Al mismo tiempo crucificaron con El a dos ladrones, uno a la derecha, otro a la izquierda” (Mt 27,38).
Los nombres de Dimas (el ladrón bueno) y Gestas (el ladrón malo), vienen a nosotros de la tradición cristiana y la religiosidad popular, que tiene como fuente probablemente los escritos del Evangelio apócrifo de Nicodemo.  Dos esculturas, a ambos lados del Cristo completan la escena del calvario. Obras realizadas en Pamplona por el maestro Juan Bautista de Guzmán. Dentro de un acusado manierismo este escultor parece estar profundamente ligado a la escuela castellana. Son dos figuras ejecutadas en madera, con una profunda en intensa expresión en sus rostros atormentados y en sus músculos en tensión, sus cuerpos se curvan en un dramático afán de movimiento.

TEMPLOS DE PAMPLONA

Santuario del Humilladero: El Pueblo Pamplonés, sus habitantes y todos los visitantes de Pamplona, los arrieros, los mayores, la gente en general, siempre que partían de viaje, rezaban, como lo dice la tradición, cerca del Santuario del Humilladero, allí se hincaban ante el Señor y le pedían por el éxito de su jornada, de la travesía y viaje que emprendían.
Data de los primeros años de la fundación de Pamplona y fue construida en la salida de la ciudad camino que conduce a Chopo y Valle de Cúcuta.
Lleguemos al templo donde se venera la Imagen del Cristo del Humilladero sede de la comunidad parroquial. Al ingresar nos encontramos con un portentoso recinto, de la más bella arquitectura colonial, pulcramente conservado, luminoso y donde se vive la presencia de Dios. Lo bello de la arquitectura está dado por sus columnas, tres naves y un uso generoso del espacio, condición arquitectónica que actualmente posee el lugar.
En sus inicios una modestísima capilla con cubierta de paja pero que poco a poco se fue arreglando gracias  a las donaciones de los cofrades de la Veracruz. En 1613 los mayordomos Pedro Rodríguez Mendo y Juan Fernández de Hoyos firman el contrato para la ampliación de la capilla con el maestro de albañilería Pedro de Alcántara. La finalidad de los trabajos convertiría la Ermita en una verdadera iglesia, era hacerla apta para la celebración de las ceremonias litúrgicas con concurso del pueblo. Dejó así de ser una pequeña ermita para la devoción particular y se convirtió en el lugar de culto hasta el día de hoy.
El Pintor pamplonés Alonso Fernández de Heredia que era hermano de la cofradía, pintó varios cuadros para el adorno del templo hacia el 1686. Más adelante se mandó a hacer el retablo de madera dorada y el camarín para la imagen del Santo Cristo. En el siglo XIX se remplazó el campanario primitivo por la fachada de dos torres, se construyó el atrio y finalmente se tapo el hermoso y sencillo techo de  madera y cal con un cielo raso metálico, La reciente restauración devolvió al templo su belleza y autenticidad.

Ermita de Nuestra Señora de las Nieves:
El Primer lugar de culto en Pamplona fue la Ermita de las Nieves. Era esta una pequeña capilla de techo de paja que construyó el mayordomo de fábrica Alonso Durán con el concurso de Juan López Galaz por encargo del cabildo de la ciudad que la ordenó “atento a la falta que esta ciudad tenia de Iglesia y ser obra tan justa y necesaria” El albañil que construyó la pared del altar y el suelo de la Iglesia fue Pedro Gómez. 

Iglesia de Nuestra Señora del Carmen
Nuestros pasos nos llevan ahora continuando este itinerario hasta la iglesia del Carmen. En el año 1835 se erige la segunda parroquia en Pamplona. Dividiendo la ciudad y su territorio en partes más o menos equivalentes y colocándola  bajo la advocación de Nuestra Señora del Carmen.
La sede para la nueva entidad eclesiástica fue la Ermita de las Nieves, primer lugar de culto de la ciudad pero más adelante se construyó en estilo gótico la actual iglesia, más amplia y espaciosa. La imagen de la Virgen tan venerada en la ciudad, es una imagen con cara y manos talladas en madera y vestida con los hábitos de la orden carmelita, que está colocada presidiendo la nave central del templo.
En una capilla lateral se encuentra un relieve en madera de la Virgen del Perpetuo Socorro que reproduce bellamente este icono tan apreciado a la devoción de los fieles.
La imagen del nazareno, de la época colonial, preside la procesión que el miércoles santo sale de esta iglesia a recorrer las calles de Pamplona, como lo hiciera siglos atrás cuando salía del convento de San Agustín llevada por los fieles de su cofradía.
En la capilla que hace frente a la del Perpetuo Socorro se encuentra el Cristo crucificado, llamado “el cachorro” por ser una réplica, de aquel que lleva  ese nombre en la ciudad de Popayán.  Es talla en madera que representa a Cristo agonizante en el momento de decir: ¿Dios mío, Dios mío porque me has abandonado?

Templo de Nuestra Señora de las Nieves
El templo es sede de la Parroquia Mayor de Nuestra Señora de las Nieves, popularmente se le ha llamado de Santo Domingo. Es la parroquia de las Nieves, la primera de la ciudad, cuyo templo fue destruido por el terremoto de 1875.
Frente a la puerta del antiguo convento de Santo Domingo nos encontramos con una joya colonial elaborada dentro del más puro arte macizo, como mezcla de la influencia arquitectónica del español y del arte sano nativo. Por esta puerta entró a Pamplona la evangelización, toda vez que fueron los dominicos los primeros presentes de la ciudad.
Apenas fundado el convento, en 1563, emprendieron los religiosos  la misión de difundir el evangelio entre los indígenas siguiendo su propia vocación y el ejemplo del fundador de la casa dominica el Padre Antonio Ruiz y cumpliendo la finalidad que el cabildo pamplonés pretendía al pedir su presencia en la ciudad.
Dentro del templo, en el retablo mayor, se encuentra la Virgen del Rosario cuyo culto se remonta a la cofradía fundada por los frailes dominicos.
En un retablo lateral que se conserva desde la época colonial, está la escultura del Señor caído. Los investigadores y expertos relacionan esta imagen con el Señor de Monserrate.

Capilla del Convento de Santa clara (Catedral)
Con él nos encontramos frente a unos de los más auténticos, humanos y sencillos templos construidos por los pamploneses para la gloria de Dios: la catedral, que otrora fuera la capilla del convento de Santa Clara.

El episodio de fundación del convento de Santa Clara se narra así:
Los tres hijos de don Ortún Velazco y doña luisa de Montalvo Juan, María  y Magdalena tuvieron una influencia decisiva en la vida política, social y religiosa de Pamplona y su provincia.

Resaltamos ahora la intervención que tuvieron en el nacimiento del convento de Santa Clara en unión con el mismo  don Ortún. Sin embargo las fundadoras de él son propiamente doña María  y doña Magdalena. Doña María de Velazco nació probablemente en Tunja  y se casó con Juan Maldonado, uno de los conquistadores de Pamplona y fundador de San Cristóbal. Muerto Juan Maldonado, contrajo segundo matrimonio con Juan Puelles Esperanza, también conquistador de la ciudad. Para la época que nos ocupa, viuda de su segundo marido, decidió poner por obra en el año 1582 el deseo, que tenia desde hacia un tiempo,  de fundar un convento de monjas considerando que de ello se serviría a Dios Nuestro Señor, a su Bendita  Madre, a su alma y la del dicho su marido quienes recibirán sufragio como lo dice en la carta de fundación. En la carta de fundación doña María ponía el convento bajo la advocación de Nuestra Señora de la Concepción, donaba dos solares que iba a comprar, y se comprometía a construir con ellos una iglesia. Decía también que dotaría la iglesia de altar, ornamentos, cáliz y lo demás necesario al culto y que haría cercar los dos solares de tres tapias en alto  y que construiría la casa de morada con un plano de claustro de ciento y veinte pies. Donaba además dos estancias  para el sustento del monasterio. A la donación de  doña María , se agregó el 26 de mayo de 1584 la entrega que don Ortún  hizo de las casas de su morada en la plaza de la ciudad de Pamplona, a doña Magdalena a fin de hacer mas factible la proyectada fundación. 

El júbilo que percibimos al ingresar a este recinto nos fortalece e indica la presencia de Dios, quien por siglos, en este lugar ha bendecido a la comunidad, a los religiosos, al clero, a los hombres, mujeres, niños y niñas que en unión al Arzobispo de Nueva Pamplona damos gracias al Creador por esta maravillosa obra. Nos recreamos en la evocación que hacemos de la comunidad de las monjas clarisas quienes por años tuvieron este lugar como su casa y monasterio hasta 1863 cuando la comunidad fue expulsada. Hacia 1892 se decide que la iglesia de Santa Clara será la catedral de la diócesis que se conserva hoy.

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